El invierno nunca fue frío, era cálido cual atardecer en la costa.
Pero ya no. Y se quedó aquello atrás...
Ahora el frío invade cada rincón de mi ser, sin importar si mi corazón empieza a llenarse de hielo que cortan como cuchillas.
Supongo que la intriga era la que mantenía aquel atardecer, la intriga de no saber que íbamos a hacer, a donde iríamos al día siguiente...
Fui yo el culpable, deje que la fría rutina nos invadiese, helandolo todo.
Helado como aquellas vistas que tuvimos en Alaska, en aquella habitación junto al fuego de la chimenea, cálido, cual atardecer en la costa.
martes, 25 de marzo de 2014
Cálido cual atardecer en la costa...
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